Andares por la Ruta Tayka

La experiencia en primera persona de un miembro de Haiku Travel en Bolivia


Publicado 10-04-2015



Cubana como soy de nacimiento, desde pequeña Bolivia despertaba en mí cierta fascinación. No entendía como un país no podía tener costas, acceso al mar. Acostumbrada a ver el mar por todas partes, el hecho que Bolivia no las tuviera siempre fue un dato interesante, casi increíble, pues en mi cabeza de niña, junto al cielo, el sol, el color verde, debía está irremediablemente el mar.  Luego, la llegada de Evo Morales al poder, “gran amigo de Cuba”, inundó la Isla de informaciones sobre el nuevo presidente y su proyecto de gobierno.

 

Muchos años después de mis ensoñaciones de niña, y tras casi una década de Evo Morales en el poder, tuve la gratísima oportunidad de visitar este bellísimo país suramericano. Sus encantos naturales lo sitúan en el vórtice de los mejores destinos turísticos de América. La estabilidad y la proyección internacional de Bolivia han ayudado a la conceptualización y posterior comercialización como productos turísticos de sus grandes bellezas naturales.

 

El pasado mes de marzo, en el contexto de Fit Bolivia, feria turística especializada, decidí alargar mi estancia para recorrer la Ruta Tayka, experiencia inigualable por la belleza de los paisajes, la monumentalidad de su cultura ancestral, y el trato servicial y exquisito de sus pobladores. 

 

La visita contó de cuatro intensas jornadas donde pude vivir a plenitud la experiencia. Junto a lo peculiar y deslumbrante del paisaje, tuve la oportunidad de visitar sitios vírgenes donde la electricidad y el acceso a Internet no forman parte de la vida diaria. Todo ello contribuye a que nos adentremos en un clima especial, como si nos adentráramos en el pasado, lo cual hace de la Ruta Tayka una experiencia singularísima.

 

Al llegar a Uyuni pueblo, después de aterrizar en un aeropuerto en medio de la nada, lo primero que me sugirió el guía fue desayunar en Breakfast Nonis, sitio acogedor y de excelente factura para entonar el día después de un madrugón, ya que el vuelo desde La Paz sale a las 7.30 a.m. Merece la pena destacar el hospedaje en el hotel Tayka de Sal, a los pies del volcán Thunupa. En la instalación se ofrece, en las noches, programas para la observación de estrellas, todo un espectáculo.  

 

El principal atractivo de la región es el Salar de Uyuni, ubicado en el departamento de Potosí, al sur de Bolivia,  a una altura de 3.680 metros sobre el nivel del mar y con una superficie de 12.000 kilómetros cuadrados. Está conformado por aproximadamente 11 capas de sal, cuyo espesor varía entre los 2 y 10 metros. El salar se extiende como una enorme plataforma plana y blanca. Se estima que la cantidad de sal que existe en el Salar es de 64 mil millones de toneladas. Además, el Salar es una de las mayores reservas de litio del mundo. El Salar de Uyuni es un sitio de belleza, magia y aventura. Gracias a sus paisajes es un lugar que nos invita a entrar en contacto con  la naturaleza rodeado de montañas y volcanes. El Salar  es ideal para los que gustan de la fotografía y el turismo de aventura. Allí se disfruta de un paisaje similar a la de las regiones polares en las que se funden el azul y el blanco, cuyos reflejos generan en el horizonte imágenes de cerros invertidos.

 

En el contexto del Salar, resulta de gran interés la Isla Incahuasi, y la Isla del Pescado. Ubicada en medio del desierto, la Isla Incahuasi tiene una superficie de 24,62 hectáreas y está poblada por numerosos cactus gigantes de hasta los 10 metros de altura. Desde la isla se puede contemplar paisaje del majestuoso Salar.

 

La Isla del Pescado es un verdadero remanso de tranquilidad, sin turistas, sin 4x4... Vale la pena una visita para quien esté en forma y pueda hacer un trekking a la cima por sobre  piedras y entre cactus gigantes. 

 

El hotel Palacio de Sal es otro atractivo, ubicado en pleno corazón del Salar, y construido  con bloques de sal, tanto exterior como interiormente, las paredes, suelo, camas, mesas, sillas, todos ellos construidos  de sal, el hotel tiene una hermosa vista al Salar, hoy en día se puede visitar como un museo. Para alojarse en este hotel tendría que cambiar un poco el itinerario del viaje pero, dados sus atractivos, es perfectamente valorable.

 

Escondido entre las alturas de la cordillera de los Andes, se encuentra la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, el área protegida más visitada del país, con por lo menos 30.000 visitantes al año. Allí encontramos las lagunas Blanca, Verde y Colorada. La laguna Blanca lleva su nombre por el color blancuzco en sus aguas debido al alto contenido de minerales. La laguna tiene un perímetro costero de 22 kilómetros. Por su parte, la laguna Verde, presenta una coloración verde esmeralda debido al alto contenido del mineral de magnesio en sus aguas. Es, además, un gran destino turístico ya que está a los pies del Volcán Licancabur, uno de los más altos del mundo, que además contiene en su cráter una laguna. La laguna Colorada es el sitio más importante de la región para la observación de flamencos. El color que presenta es rojo debido a los finos sedimentos de esa tonalidad depositados sobre la superficie y a pigmentos de algunos tipos de algas. Este complejo de lagos constituye un sitio de belleza inigualable que invito a todos a visitar.

 

La visita del ramillete de las lagunas de Cañapa, Hedionda, Chiarkota, Honda y Ramaditas, en las que gran cantidad de flamencos, de las tres especies existentes en la zona, será de gran importancia, pues dejarán verse y fotografiarse a placer. Otras aves, como gaviotas andinas y patos, acompañan a los flamencos en estas lagunas flanqueadas por volcanes.

 

No menos asombroso es el Árbol de Piedra, que se levanta  solitario en mitad del desierto de Siloli, desafiando las leyes naturales. Los viajeros que llegan hasta él tras una larga excursión por complicados caminos de tierra tienen la sensación de estar viendo un espejismo: una gran seta rocosa parece salir de las entrañas de la tierra se mantiene en un equilibrio casi imposible, con una base estrecha que sostiene una mole de piedra de 5 metros de altura.

 

Para visitantes europeos como yo, se ha tratado de una experiencia fuera de lo común que vale la pena tener.



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